Ángel CABRANES
Su mirada era fuente inagotable para plasmar, sobre todo aquello que caía en sus manos, una interpretación surrealista de la vida. El Carnaval era una de las épocas en la que todo lo que acontecía a su alrededor se aproximaba más a ese mundo onírico que ideó a lo largo de su obra. El singular interés del conjunto de creaciones inspiradas en el Antroxu que plasmó Aurelio Suárez radica tanto en el tema que el pintor gijonés toma como inspiración como en la ejecución de las obras. En ellas utiliza una gran cantidad de recursos plásticos e iconográficos muy habituales en su pintura. Un universo de simbolismos disfrazados en óleo, «gouache» o tinta e impregnados sobre papel, lienzo o madera.
El multidimensional «Tañedor de guitarra» que en 1942 dibujó Aurelio Suárez sirve como introducción de cómo el gijonés cubrió bajo el manto del Carnaval otras influencias como la música o la religión. La figura del tañedor, que ya se recoge en algunos pasajes de la Biblia, era entendida como un personaje que acercaba a la liberación. En la antigüedad, con frecuencia se contrataban músicos para que su suave melodía aquietara los espíritus perturbados, elevara los pensamientos pesimistas y alegrara los corazones. Aurelio Suárez camufla a este particular personaje bajo su compuesta mirada y da protagonismo a su guitarra en días de tanta algarabía como los carnavalescos.
Iconografías como las máscaras se han incorporado como otro de los elementos introducidos por el gijonés en clara referencia al Antroxu. A ellas dedicó una serie de doce unidades, realizada bajo la técnica de «gouache» sobre papel en 1975. La «Máscara diez» y la «Máscara cuatro», esta última inédita hasta el momento, son una muestra de ellas. Los tonos utilizados, muy reconocibles a lo largo de la obra del autor, y el hecho de plasmar a dos mujeres desnudas, para ceder todo el protagonismo a la careta que lucen, son algunas de las características principales.
El espíritu de cierta permisividad y descontrol que se respira en torno a la celebración del Carnaval sirve como excusa para que las pinturas de Aurelio Suárez encuentren en él un sitio para expresarse. Un camino más dentro del imaginario que ha dejado como legado el artista asturiano a lo largo de su extensa obra. Su fallecimiento en 2003 no ha impedido que la actualidad de sus interpretaciones siga tan viva como el Antroxu.
Bienvenidos
Mi propósito es ir haciendo una pequeña agenda de mis recuerdos y mis vivencias.
Utilizaré fotos mías y material de internet.
sábado, 25 de febrero de 2012
EL ANTROXU AURELIANO
viernes, 24 de febrero de 2012
AMIGOS
martes, 21 de febrero de 2012
ANTES SÍ QUE NEVABA
martes, 14 de febrero de 2012
No nos dopamos;le echamos más huevos

jueves, 2 de febrero de 2012
MARIANTONIA SALOMÉ
Hace casi 4 años (mayo 2008) que Mariantonia nos dejó y hoy me entero de que su gran sueño_su casa-museo_está en venta (350.000 euros).
Fachada principal con escudo.Estaba preparando la restauración de una pequeña capilla aneja a la casa.
Aquí,en una vitrina tenía todos los premios que le habían dado especialmente en España e Italia.
En este mueble guardaba el libro de visitas.
Salón principal donde estaban sus cuadros,ahora tapados y apilados a la derecha.
domingo, 29 de enero de 2012
ADOLFO LÓPEZ ARMÁN (Fotógrafo.Zamora 1883-Madrid 1980)







Reconstrucción de La Catedral de Oviedo
Aguja de la Catedral después de la guerra civil
Vendedoras en El Fontán.sábado, 28 de enero de 2012
jueves, 26 de enero de 2012
miércoles, 11 de enero de 2012
martes, 10 de enero de 2012
C/MAGDALENA nº 25 (Oviedo)
Cronista oficial de Oviedo
A la entrada de Oviedo
La reaparición de doña Piqueta para aplicar «el modelo Fontán» a la casa del número 25 de la calle Magdalena
Aquella puerta tenía contrapunto en la llamada puerta Nueva, al final Oviedo fue ciudad de muchas puertas, condicionadas por la cerca, y perdidas una a una, de forma que sólo nos queda el recuerdo, camuflado, en la que fue puerta Mayor, en lo que es arco del Ayuntamiento, puerta franca por excelencia de la ciudad.
Magdalena, espacio por excelencia del Oviedo bullicioso. Parada de carruajes camino de León, y luego de Castilla toda, aledaño castizo del mercado extenso del Fontán, solar de panaderías desde el famoso incendio de 1521, que acaba de cumplir 490 años, fecha en la que la ciudad ardió por los cuatro costados. Los panaderos pagaron la culpa y fueron deportados a aquella zona, y supieron hacer uso de aquella concesión.
En la puerta Nueva, a la altura del final de la calle, a la vera de la calle del Matadero, hoy del Marqués de Gastañaga, hubo arco con Cristo de «bulto» y pronto comercios y fondas, como la famosa de Manteola, que también sufrió un incendio.
Puerta Nueva se llamó durante tiempo a todo el espacio de aquella zona que llegaba hasta la plaza Mayor y debió pasar a llamarse de la Magdalena a finales del XVII o en el XVIII, para reconocer la importancia de la capilla de ese nombre, con cofradía y hospital, que allí estuvo, y que, abandonada durante años, es ahora espacio de la parroquia cercana de San Isidoro. Magdalena es una hermosa calle, con un palacio venido a nada, el de Vistalegre, entregado, como toda la calle, a la vida comercial, antes mercera y confitera.
En la acera de los pares, en el tramo cercano a la plaza, hay casas con el atractivo añadido de la doble faz que las asoma al Fontán, aunque desgraciadamente no queda por allí ninguna de las tiendas tradicionales de otro tiempo. En la acera de los impares, que ha sufrido descalabros recientes que destruyen y empobrecen el tejido urbano y hacen a la zona perder parte de su propia historia, surge ahora una baja.
Magdalena y la puerta Nueva dan para mucho, pero hoy sólo queremos referirnos a la casa señalada con el número 25, que acaba de desaparecer a manos de doña Piqueta. Hay muchas formas de tratar las casas viejas sin llegar a la eutanasia, que podríamos llamar «modelo Fontán».
La casa derribada enseña ahora, forzada a la impudicia, sus paredes desnudas y su suma estrechez, que la señala como prototipo de un Oviedo perdido, de una sola crujía y vigas de madera, con un hueco de sólo dos metros en la fachada posterior. Merece la pena verlo, como testigo de una forma de vida que se dio en la ciudad durante siglos.
Aquella sencilla casa, de galería azulete, siempre me recordó aquello de «a la entrada de Oviedo y a la salida hay una panadera, mucho me mira».
C/MAGDALENA nº 25 (Oviedo)
Cronista oficial de Oviedo
A la entrada de Oviedo
La reaparición de doña Piqueta para aplicar «el modelo Fontán» a la casa del número 25 de la calle Magdalena
Aquella puerta tenía contrapunto en la llamada puerta Nueva, al final Oviedo fue ciudad de muchas puertas, condicionadas por la cerca, y perdidas una a una, de forma que sólo nos queda el recuerdo, camuflado, en la que fue puerta Mayor, en lo que es arco del Ayuntamiento, puerta franca por excelencia de la ciudad.
Magdalena, espacio por excelencia del Oviedo bullicioso. Parada de carruajes camino de León, y luego de Castilla toda, aledaño castizo del mercado extenso del Fontán, solar de panaderías desde el famoso incendio de 1521, que acaba de cumplir 490 años, fecha en la que la ciudad ardió por los cuatro costados. Los panaderos pagaron la culpa y fueron deportados a aquella zona, y supieron hacer uso de aquella concesión.
En la puerta Nueva, a la altura del final de la calle, a la vera de la calle del Matadero, hoy del Marqués de Gastañaga, hubo arco con Cristo de «bulto» y pronto comercios y fondas, como la famosa de Manteola, que también sufrió un incendio.
Puerta Nueva se llamó durante tiempo a todo el espacio de aquella zona que llegaba hasta la plaza Mayor y debió pasar a llamarse de la Magdalena a finales del XVII o en el XVIII, para reconocer la importancia de la capilla de ese nombre, con cofradía y hospital, que allí estuvo, y que, abandonada durante años, es ahora espacio de la parroquia cercana de San Isidoro. Magdalena es una hermosa calle, con un palacio venido a nada, el de Vistalegre, entregado, como toda la calle, a la vida comercial, antes mercera y confitera.
En la acera de los pares, en el tramo cercano a la plaza, hay casas con el atractivo añadido de la doble faz que las asoma al Fontán, aunque desgraciadamente no queda por allí ninguna de las tiendas tradicionales de otro tiempo. En la acera de los impares, que ha sufrido descalabros recientes que destruyen y empobrecen el tejido urbano y hacen a la zona perder parte de su propia historia, surge ahora una baja.
Magdalena y la puerta Nueva dan para mucho, pero hoy sólo queremos referirnos a la casa señalada con el número 25, que acaba de desaparecer a manos de doña Piqueta. Hay muchas formas de tratar las casas viejas sin llegar a la eutanasia, que podríamos llamar «modelo Fontán».
La casa derribada enseña ahora, forzada a la impudicia, sus paredes desnudas y su suma estrechez, que la señala como prototipo de un Oviedo perdido, de una sola crujía y vigas de madera, con un hueco de sólo dos metros en la fachada posterior. Merece la pena verlo, como testigo de una forma de vida que se dio en la ciudad durante siglos.
Aquella sencilla casa, de galería azulete, siempre me recordó aquello de «a la entrada de Oviedo y a la salida hay una panadera, mucho me mira».













